Publicado el noviembre 22, 2024

La salvación de la televisión generalista no está en convertirse en un mal clon de Netflix, sino en potenciar su rol único como generadora de eventos colectivos y capital de confianza.

  • El envejecimiento de la audiencia no es una sentencia de muerte, sino una base leal que debe ser entendida como un activo estratégico y no una debilidad.
  • Los informativos y los grandes formatos en directo son los activos más valiosos, capaces de crear «citas ineludibles» que el streaming no puede replicar.

Recomendación: Dejar de competir en volumen de contenido y enfocarse en la creación de eventos de alto impacto y en explotar el archivo histórico como un activo cultural diferencial para reconectar con todas las generaciones.

La imagen se ha vuelto cotidiana en millones de hogares: la parsimonia de cambiar de canal con el mando a distancia ha sido sustituida por el scroll infinito en un menú de Netflix, HBO Max o Prime Video. Este cambio de paradigma ha instalado un relato dominante en el sector mediático: la televisión generalista, representada por gigantes como La 1 o Antena 3, agoniza lentamente, víctima de una audiencia envejecida y de la fuga masiva de los jóvenes hacia el vídeo bajo demanda (VOD). Las soluciones que se proponen a menudo caen en la platitud: «hay que digitalizarse», «hay que estar donde están los jóvenes», «hay que crear una plataforma propia».

Estos diagnósticos, aunque correctos en la superficie, ignoran la pregunta fundamental. ¿Y si la batalla no estuviera en la cantidad de contenido, sino en la calidad del momento compartido? ¿Y si el futuro no fuera imitar, sino diferenciarse radicalmente, abrazando su naturaleza masiva y ritualista como un ancla cultural? La crisis de las cadenas generalistas no es solo tecnológica, sino profundamente existencial. Intentar competir con las plataformas de streaming en su propio terreno —el del consumo individualizado y a la carta— es una guerra perdida de antemano. La verdadera oportunidad reside en redescubrir y potenciar aquello que las hace únicas: su capacidad para generar eventos colectivos y su capital de confianza.

Este análisis se aleja de la narrativa apocalíptica para proponer un reenfoque estratégico. Exploraremos por qué la demografía actual, lejos de ser un lastre, es una fortaleza; cómo los informativos pueden convertirse en el nuevo prime time; qué lecciones de adaptación nos ofrece el modelo de la BBC frente a RTVE; y cómo las cadenas pueden y deben redefinir su marca para dejar de ser «la tele de los abuelos» y volver a ser el punto de encuentro de toda la sociedad.

Para abordar esta compleja encrucijada, hemos estructurado el análisis en varios puntos clave que desglosan los desafíos y las oportunidades que enfrenta la televisión lineal. Este recorrido nos permitirá construir una visión integral sobre el camino a seguir.

Por qué la media de edad del espectador de TV lineal supera los 60 años

El dato es contundente y se repite en cada informe de audiencias: la televisión lineal envejece. No es una percepción, es una realidad demográfica que define el mercado actual. Según el Informe Anual de Análisis de Audiencia de TV 2024, la edad media del espectador en España ya roza los 58 años. Este fenómeno no es casual, sino el resultado de dos fuerzas convergentes: la consolidación de hábitos de consumo televisivo en las generaciones del baby boom y la migración casi total de los públicos más jóvenes hacia ecosistemas digitales donde el control del qué, cómo y cuándo es absoluto.

Sin embargo, interpretar este dato únicamente como una señal de declive es un error estratégico. Esta audiencia mayor de 60 años representa una base de una lealtad extraordinaria, construida sobre décadas de rituales de consumo. Para ellos, la televisión no es solo un proveedor de contenidos, sino una compañía, un reloj que marca las rutinas del día y una ventana a una actualidad compartida. La relación no es puramente transaccional, sino emocional. Es más, la dicotomía «TV lineal vs Streaming» es más compleja de lo que parece. Un estudio reciente revela que incluso los abonados a Netflix en España dedican una media de 114 minutos al día a ver canales lineales, casi el doble de los 65 minutos que dedican a la propia plataforma. Esto demuestra que los modelos no son excluyentes, sino que coexisten cumpliendo funciones diferentes.

Persona mayor viendo televisión en salón español tradicional con luz cálida del atardecer

El desafío, por tanto, no es rejuvenecer la audiencia a cualquier coste imitando formatos que no le son propios, sino entender el valor de esta base demográfica fiel. Se trata de un público con poder adquisitivo y tiempo de consumo que garantiza un suelo de audiencia estable. Ignorar o menospreciar este «núcleo duro» en un intento desesperado por atraer a un público digital volátil es una estrategia que puede llevar al colapso del modelo de negocio actual sin garantizar la construcción de uno nuevo.

Cómo convertir un informativo en un evento ineludible para frenar la caída de audiencia

Mientras el entretenimiento de ficción se fragmenta en un océano de plataformas, los informativos y los grandes eventos en directo emergen como el principal bastión de la televisión generalista. Aquí reside su «capital de confianza», un activo intangible forjado durante décadas que los nuevos actores digitales no poseen. En un ecosistema mediático saturado de desinformación, la credibilidad de un telediario de una cadena de referencia es un producto de altísimo valor. Sin embargo, muchas cadenas siguen tratando sus espacios de noticias como una obligación de servicio público en lugar de su producto estrella más diferencial.

La clave para frenar la sangría de audiencia es transformar el informativo de un simple resumen de noticias en un evento colectivo ineludible. Esto implica un cambio de mentalidad en la producción y programación. Se debe pasar del modelo expositivo a un modelo narrativo y participativo. Como señala un reciente informe sobre el prime time español, a menudo el access prime time, donde se ubican los informativos, «concentra mejores resultados que la propia franja estelar: la audiencia está ahí, pero se va». El reto es retenerla, convirtiendo la cita informativa en el verdadero comienzo del prime time.

Para lograrlo, es necesario innovar en el formato y la distribución, integrando la experiencia lineal con las posibilidades del entorno digital. No se trata solo de emitir el informativo, sino de crear una conversación a su alrededor que dure más allá de sus 30 o 45 minutos de emisión. La implementación de estrategias de «segunda pantalla» es fundamental para involucrar a una audiencia que ya no consume de manera pasiva.

Plan de acción: convertir el informativo en un evento digital

  1. Votaciones en directo: Implementar sondeos en tiempo real a través de la app o web sobre temas de debate, mostrando los resultados en pantalla para generar participación.
  2. Archivo contextual: Crear códigos QR dinámicos durante las noticias que enlacen a reportajes del archivo de la cadena para dar profundidad y contexto histórico a la actualidad.
  3. Verificación en vivo: Desarrollar un sistema de fact-checking en directo a través de plataformas como RTVE Play, donde un equipo verifica las declaraciones de los políticos en tiempo real.
  4. Narrativas serializadas: Serializar grandes investigaciones periodísticas con arcos narrativos semanales, creando expectación y fidelizando a la audiencia de un día para otro.
  5. Hiperlocalismo en prime time: Potenciar la cobertura hiperlocal desde los centros territoriales, dando voz a las realidades cercanas al espectador que a menudo son ignoradas por los medios nacionales.

BBC vs RTVE: qué podemos aprender del modelo británico de adaptación digital

La comparación entre la radiotelevisión pública española (RTVE) y la británica (BBC) es un ejercicio recurrente, pero hoy más necesario que nunca. Mientras ambas enfrentan el desafío de la era digital, sus estrategias y resultados divergen notablemente, ofreciendo valiosas lecciones para el mercado español. La principal diferencia no es de presupuesto, sino de visión: la BBC concibe su transformación digital como una expansión de su misión de servicio público, creando un ecosistema completo y coherente, mientras que RTVE a menudo ha reaccionado con iniciativas fragmentadas y dependientes de los ciclos políticos.

El éxito de la BBC se fundamenta en su plataforma BBC iPlayer, que es mucho más que un simple repositorio de programas. Se ha convertido en un destino de contenido por derecho propio, innovando en formatos y funcionando como un motor de descubrimiento. No en vano, los datos confirman que se ha consolidado como el servicio VOD de más rápido crecimiento en Reino Unido, con un 10% de incremento en solicitudes en el último año. Este ecosistema se complementa con BBC Sounds (para audio) y BBC Bitesize (educativo), creando una propuesta de valor 360 grados financiada por un canon que, aunque polémico, le otorga una independencia del mercado publicitario y de las presiones gubernamentales mucho mayor que la de RTVE.

Sala de control moderna de televisión con múltiples pantallas mostrando gráficos abstractos

El modelo de financiación es, sin duda, el núcleo de la cuestión, como evidencia un análisis comparativo de los modelos de TV pública. La dependencia de RTVE de las subvenciones estatales la hace vulnerable a los vaivenes políticos, dificultando la implementación de una estrategia digital a largo plazo.

Comparación de modelos de financiación: BBC vs RTVE
Aspecto BBC RTVE
Financiación principal Licencias televisivas (£3,800 millones) Subvención estatal (94%)
Modelo comercial BBC Studios genera ingresos externos Sin publicidad desde 2010
Estrategia digital Ecosistema completo (iPlayer, Sounds, Bitesize) RTVE Play y Playz
Independencia Gobernanza protegida parcialmente Cambios según ciclos políticos

El riesgo de ignorar a los creadores de internet en la parrilla convencional

El fenómeno de los creadores de contenido como Ibai Llanos no es una anécdota, sino el síntoma más visible de un cambio sísmico en el ecosistema mediático. Ignorarlos, tratarlos como una moda pasajera o, peor aún, intentar imitarlos torpemente, son los mayores riesgos que pueden correr las cadenas generalistas. La televisión tradicional y los streamers de plataformas como Twitch o YouTube no compiten por el mismo tipo de atención; operan bajo lógicas de comunidad y producción completamente distintas.

El éxito de Ibai y otros creadores no reside en la calidad técnica de sus producciones, a menudo inferior a la televisiva, sino en la autenticidad y la horizontalidad de su relación con la audiencia. Han construido comunidades, no solo audiencias. Mientras la televisión emite «para» un público masivo y anónimo, un streamer conversa «con» una comunidad de seguidores que se sienten parte del evento. Como se ha analizado, Ibai Llanos ha demostrado que se puede competir con la televisión tradicional con un modelo productivo radicalmente diferente, basado en la interacción directa y un lenguaje nativo digital.

El error de las cadenas es doble. Por un lado, subestiman la capacidad de estos nuevos actores para marcar la agenda y congregar a millones de espectadores en eventos como «La Velada del Año», demostrando que el directo no es monopolio de la TV. Por otro, cuando intentan integrar a estos perfiles, a menudo lo hacen despojándolos de la naturalidad que los define, encorsetándolos en formatos televisivos rígidos que anulan su esencia. El resultado es un híbrido que no satisface ni a la audiencia tradicional ni a la comunidad digital del creador.

La estrategia inteligente no es fichar a un youtuber para que presente un concurso clásico, sino aprender de sus mecánicas. Se trata de entender cómo construyen la expectación, cómo fomentan la participación y cómo convierten una simple retransmisión en una experiencia compartida. La televisión debe buscar sinergias, no una canibalización fallida: coproducir eventos, crear formatos híbridos donde cada medio aporte su fortaleza o usar la parrilla lineal para amplificar momentos clave generados en el entorno digital.

Cómo rebrendear una cadena histórica para que no parezca «la tele de los abuelos»

La etiqueta «la tele de los abuelos» es una losa pesada para cadenas como La 1 o La 2. Los datos confirman esta percepción: según un análisis de Kantar Media, la edad media de los espectadores de La 1 es de 60 años, la de La 2 sube a 63 años y la de Trece alcanza los 67 años. Este envejecimiento proyecta una imagen de marca anclada en el pasado, poco atractiva para las generaciones más jóvenes e incluso para los adultos de mediana edad que buscan propuestas más dinámicas. El rebranding de una cadena histórica es, por tanto, una tarea urgente y extremadamente delicada.

El error más común es confundir rejuvenecer la marca con infantilizar el contenido o perseguir de forma errática las tendencias del momento. Un rebranding exitoso no consiste en poner a un presentador de 70 años a hacer bailes de TikTok, sino en redefinir la propuesta de valor de la cadena para que sea relevante en el presente. La clave es el equilibrio entre legado y modernidad. La historia de una cadena no es un lastre, sino su mayor activo diferencial. Canales como RTVE poseen un archivo audiovisual que es la memoria sentimental y cultural de un país entero. Saber explotar ese archivo con un lenguaje actual es una oportunidad única.

Una estrategia de reposicionamiento eficaz debería basarse en varios pilares. Primero, posicionar la cadena como un sello de calidad y confianza, un refugio frente al ruido y la superficialidad del entorno digital. Segundo, crear «anclas culturales» intergeneracionales: grandes eventos (como Eurovisión o los Goya), ficciones de prestigio o documentales de alto impacto que unan a abuelos, padres e hijos frente a la misma pantalla. Por último, utilizar el entorno digital de forma inteligente para conectar con nuevos públicos, por ejemplo, creando canales de YouTube como «Archivo RTVE» que recontextualizan momentos icónicos de los 80 y 90 para una audiencia que los descubre por primera vez, generando nostalgia en unos y curiosidad en otros.

En definitiva, el objetivo no es borrar el pasado, sino construir sobre él. Se trata de comunicar que la cadena no es «vieja», sino «clásica» y, al mismo tiempo, «contemporánea». Es una transformación de la percepción que debe reflejarse en la identidad visual, el tono de comunicación y, sobre todo, en una programación coherente con esta nueva promesa de marca.

TV Generalista vs Influencers: ¿quién marca realmente la agenda política hoy en día?

La entrevista de Ibai Llanos a Lionel Messi tras su fichaje por el PSG o las charlas con figuras políticas de primer nivel abrieron un debate crucial: ¿están los influencers reemplazando a los periodistas? La respuesta es un rotundo no, y entender la diferencia es clave para que la televisión generalista explote su verdadera fortaleza. La función de un creador de contenido y la de un periodista son fundamentalmente distintas, y el público, a pesar de las apariencias, lo comprende perfectamente.

Los influencers ofrecen acceso y entretenimiento; los periodistas, escrutinio e información. El valor de una charla con Ibai es la cercanía, la espontaneidad y la ausencia de filtros, un espacio seguro para la figura pública. El valor de una entrevista en un informativo de prime time es la profundidad, la repregunta y el compromiso con la veracidad. Como un análisis sobre el fenómeno señala, Ibai no hace periodismo ni lo pretende; su objetivo es entretener, no poner a su invitado en un aprieto. El rol del periodista, en cambio, es ser incómodo para llegar a la verdad. La confusión de estos roles es peligrosa y devalúa la función social del periodismo.

Gerard Piqué, una figura que se mueve con soltura en ambos mundos, lo resumió de manera brillante al diferenciar sus apariciones en medios. Sus palabras definen a la perfección la propuesta de valor de cada formato:

El capitán del FC Barcelona explicó que él espera de una entrevista periodística que sea seria, con datos y preparación. Y que charlas como la suya con Ibai no deben ajustarse a esos términos, sino ser espontáneas, con lo primero que se les venga a la cabeza y buen rollo.

– Gerard Piqué, Reflexión sobre medios tradicionales vs streamers

Aquí reside el gran activo de la televisión generalista: su capital de confianza. En una era de polarización y «fake news», la demanda de información verificada, contextualizada y rigurosa no ha desaparecido, sino que se ha vuelto más necesaria que nunca. Mientras los influencers marcan la agenda de la conversación social y el entretenimiento, la televisión sigue siendo el actor principal a la hora de marcar la agenda política e institucional. Renunciar a ese papel o rebajar su nivel de exigencia para parecerse a los nuevos formatos sería un suicidio estratégico.

Por qué la «Señora de Cuenca» sigue viendo la misma cadena todas las tardes

El arquetipo de la «Señora de Cuenca», a menudo utilizado de forma despectiva, representa en realidad el núcleo de la audiencia más fiel y resiliente de la televisión generalista: el público senior, mayoritariamente femenino, que consume televisión en las franjas diurnas. Entender sus motivaciones es crucial para comprender la sostenibilidad del modelo actual. No se trata de un consumo pasivo por falta de alternativas, sino de un ritual de compañía profundamente arraigado.

Los datos demuestran la importancia de este perfil. En España, existe una notable diferencia de consumo por género, con las mujeres dedicando casi tres horas a la semana más que los hombres a ver la televisión. Este consumo se concentra especialmente en las franjas de tarde, donde programas de magacín y series diarias construyen una narrativa continua que acompaña al espectador. Para esta audiencia, el presentador o los personajes de la serie no son figuras lejanas, sino presencias familiares en su día a día. La cadena se convierte en un hábito, una fuente de estabilidad y entretenimiento predecible en un mundo cada vez más complejo.

Un análisis de audiencias por franjas horarias revela cómo este fenómeno se manifiesta en la parrilla. Cadenas como Telecinco o Antena 3 ven cómo la edad media de su audiencia se dispara en la franja de tarde, superando la media general del canal. Este público es el que sostiene la estructura de la programación diaria.

Edad media de audiencia por franja horaria
Cadena Edad Media General Tarde Prime Time
Telecinco 58 años 60+ años 57 años
Antena 3 57 años 59 años 56 años
Cuatro 51 años 53 años 49 años
laSexta 56 años 58 años 55 años

Esta dependencia de la audiencia senior de la tarde es a la vez una fortaleza y una vulnerabilidad. Es una fortaleza porque garantiza un suelo de ingresos publicitarios estable y predecible. Es una vulnerabilidad porque crea una imagen de marca envejecida que dificulta la conexión con otros segmentos demográficos. El reto para las cadenas no es abandonar a la «Señora de Cuenca», sino construir puentes entre su mundo y el de las generaciones más jóvenes, creando una programación de prime time que pueda ser disfrutada por un espectro más amplio sin alienar a su base más leal.

Puntos clave a recordar

  • La supervivencia de la TV generalista no pasa por imitar al streaming, sino por potenciar su valor como ancla cultural y generadora de eventos colectivos.
  • El envejecimiento de la audiencia es un activo de lealtad y estabilidad (ritual de consumo) que debe ser gestionado estratégicamente, no despreciado.
  • Los informativos y el directo son el gran diferencial competitivo, un espacio donde el «capital de confianza» de las cadenas es un valor incalculable.

¿Cómo retener a la audiencia del Prime Time español frente a la fuga hacia el streaming?

El prime time, la franja estelar que históricamente ha definido el poder y la rentabilidad de las cadenas de televisión, se encuentra en una encrucijada crítica. La competencia ya no es solo el canal de al lado, sino un catálogo casi infinito de opciones en plataformas de streaming que ofrecen al espectador el control total. A esto se suma un problema estructural del mercado español: el progresivo retraso del prime time, que se ha desplazado más de una hora en las últimas tres décadas, comenzando ahora cerca de las 23:00h, un horario cada vez más incompatible con las rutinas laborales y de descanso de gran parte de la población.

La fuga de espectadores es medible. Según datos de Kantar Media, en el último año el streaming ha ganado cuota de mercado a un ritmo casi idéntico al que la ha perdido la televisión lineal. Esta tendencia, lejos de frenarse, se acelera. Retener a la audiencia en esta franja ya no es una cuestión de programar una buena película o un concurso de éxito. Requiere un replanteamiento de la propia definición de «evento de prime time». La gente ya no enciende la televisión a las 22:30h para «ver qué ponen», sino que necesita una razón de peso para hacerlo, una cita ineludible que genere conversación social al día siguiente.

La solución pasa por concentrar los recursos en menos producciones pero de mayor impacto, que solo puedan ser disfrutadas plenamente en directo. Esto incluye grandes finales de concursos de talento, debates políticos decisivos, ficción evento (series de pocos capítulos estrenadas a ritmo semanal para generar expectación) o formatos de entretenimiento que integren la participación de la audiencia en tiempo real de forma significativa. Se trata de recuperar la sensación de que «si no lo ves ahora, te lo pierdes», un principio que el consumo a la carta ha erosionado.

En última instancia, la estrategia para el prime time debe ser una síntesis de todo lo analizado: apoyarse en el capital de confianza de los informativos para dar paso a un evento de entretenimiento que actúe como ancla cultural, aprovechando la base leal de la audiencia tradicional para intentar sumar a otros públicos con una propuesta de calidad y de visionado compartido. La batalla no se ganará con volumen, sino con relevancia.

Analizar el portafolio de activos de cada cadena a través de este nuevo prisma estratégico es el primer paso ineludible para diseñar una propuesta de valor que garantice su relevancia en la próxima década.

Preguntas frecuentes sobre Crisis de identidad en las generalistas: ¿qué futuro tienen La 1 y Antena 3 ante el vídeo bajo demanda?

Escrito por Carlos Mendieta, Consultor Senior en Estrategia Audiovisual y Financiación de Contenidos. Economista con 15 años de experiencia en la gestión ejecutiva de grandes grupos mediáticos y productoras independientes en España.